20110714

EN LOS BARRIOS BRAVOS, LUIS CORNEJO GAMBOA, por Priscilla Cajales.


Con doscientos pesos me compré una novela de Luis Cornejo en una feria en Valparaíso hace varios años, así fue como llegué al autor de ocho publicaciones en total, entre ellas Barrio bravo (1955, El último lunes (1986), Show continuado(1987), Ir por lana (1989) y La tormenta(1991).

De Cornejo sé que fue editor independiente, luego de oficiar como albañil, actor, dramaturgo y trabajar en la producción de “El chacal de Nahueltoro”. Vendió sus libros en la plaza de armas de Santiago hasta poco antes de agravarse por un cáncer que lo alejó de su trabajo y de la calle. La última vez que visité Santiago vi a su mujer todavía vendiendo libros frente a la biblioteca nacional; entonces pienso en los cuentos de Barrio bravo, en el retrato hablado que estos textos son de un espacio que alcanza recovecos más brutales que del espacio periférico panfletario, y llega hasta los motivos centrales que mueven a la marea humana que los habita.

Barrio Bravo (1959, Autoedición) es un libro que condensa en seis cuentos la vida en los conventillos y suburbios de Santiago en los años cincuenta, el conventillo es aquí el epicentro de un espacio en donde el modo de actuar de sus personajes escapa a cualquier relación con lo externo nadie sale del barrio bravo, no hay mezcla, la muralla levantada frente a este escenario es tan alta que parece que no existe, o al menos no se ve; por tanto el otro desaparece.

Lo más interesante en Cornejo es que la violencia del que estos personajes son víctimas no se resuelve; se reproduce en la medida de su acostumbramiento, la policía no interviene en las violaciones que en la población están a la vuelta de la esquina, ni es llamada cuando “la cuatro dientes”es golpeada hasta el aborto y la muerte.

“El cuello de loza”, es un bailarín que trabaja la semana entera para financiar un fin de semana de baile, uno tras otro, termina por costarle el sueldo y el hambre, muere en escena en medio de un desmayo en los brazos de una empleada que seguramente está en su día libre del Puertas Adentro. Otro cuento notable es “El capote”, término usado para nombrar la violación de varios sujetos a una misma chica, la única estudiante del lugar levanta el deseo del barrio bravo que a ella y su novioacorralan.

Los personajes que rodean este libro aparecen y desaparecen rodeados de su patetismo, brutalidad y miseria. Son sometidos a violencia y violentan, es el instinto de supervivencia su único motor. Siempre al filo del cuchillo, del hambre y del silencio.

Es interesante pensar en la actualidad de este Cornejo, que con varios ripios en su narrativa interpela una realidad que está latiendo en el fondo de la escala evolutiva citadina de cualquier ciudadlatinoamericana actual. Imposible no ligarlo con Gómez Morel y Nicomedes Guzmán.

Seguramente los argumentos estilísticos de Cornejo han pasado de moda, el efecto ha sido agotado, pero no el contenido. Un cineasta chileno espeluznante es José Luis Sepúlveda, su obra maestra “Pejesapo”, inmediatamente después de terminar de releer a los barrios Bravos de Conejo volví a ver la película y es en esta evidencia donde queda palpitando un hilo de congruencia que surge entre ambos artistas. El barrio bravo no ha dejado de existir, efectivamente quienes lo habitan no salen de él, el muro era inamovible.

Este no es un viaje arriba del auto por el borde, ni siquiera un paseo en micro, estamos frente a un saber estar y moverse en donde la bravura siempre ha consistido en mantenerse con vida, nunca a salvo.



El ciudadano, mayo 2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario

el hilo de la palabra...